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Trainspotting | El cine visto a través del conductismo

Trainspotting (Boyle, 1996) presenta la historia de Mark Renton y su grupo de amigos en un contexto marcado por el consumo de heroína.

Trainspotting | El cine visto a través del conductismo

1. Descripción de los elementos de la película desde el punto de vista del condicionamiento

Trainspotting (Boyle, 1996) presenta la historia de Mark Renton y su grupo de amigos en un contexto marcado por el consumo de heroína. Aunque la película permite múltiples lecturas sobre la adicción, puede analizarse desde las teorías conductistas del aprendizaje atendiendo a las asociaciones que se establecen entre determinados estímulos, las conductas de consumo y sus consecuencias. Desde esta perspectiva, resulta especialmente relevante observar no solo qué hacen los personajes, sino también qué ocurre antes y después de sus conductas y cómo esas contingencias pueden contribuir a su mantenimiento.

En primer lugar, pueden identificarse elementos propios del condicionamiento operante. El consumo de heroína produce consecuencias inmediatas que pueden actuar como reforzadores y aumentar la probabilidad de que la conducta vuelva a repetirse. En algunos momentos, la droga proporciona sensaciones placenteras, que no se ocultan en esta obra y por lo que puede hablarse de refuerzo positivo. A una conducta, el consumo, le sigue una consecuencia apetitiva que favorece su repetición. Sin embargo, a medida que aparecen la dependencia y la abstinencia, cobra especial importancia el refuerzo negativo. Renton no consume únicamente para obtener placer, sino también para reducir el intenso malestar que experimenta cuando intenta abandonar la heroína. La eliminación o disminución de ese estado aversivo después del consumo puede reforzar nuevamente la conducta.

La película también permite interpretar el consumo desde el condicionamiento clásico. La heroína no aparece de manera aislada, sino vinculada repetidamente a determinados lugares, personas, objetos y rituales. El piso de Swanney, los compañeros de consumo, las jeringuillas o la propia preparación de la sustancia forman parte de un contexto que se repite junto a los efectos de la droga. Desde una perspectiva pavloviana, estímulos inicialmente neutros pueden adquirir propiedades condicionadas después de asociarse reiteradamente con el consumo y sus efectos. La investigación sobre adicciones ha mostrado que lugares, personas y objetos relacionados con el consumo pueden convertirse en señales capaces de provocar respuestas condicionadas y favorecer posteriormente la búsqueda de la sustancia (Perry et al., 2014).

2. Propósito del condicionamiento y evolución de la conducta

A diferencia de otros ejemplos cinematográficos en los que un personaje utiliza deliberadamente técnicas de condicionamiento para modificar la conducta de otro, en Trainspotting no existe un programa de modificación de conducta planificado. El condicionamiento se observa en el aprendizaje que se produce de forma progresiva como consecuencia de la interacción de Renton con la heroína y con el ambiente en el que se desarrolla el consumo. Por tanto, más que preguntarnos quién pretende condicionar su comportamiento, resulta pertinente analizar cómo determinadas contingencias contribuyen a adquirirlo, mantenerlo y dificultar posteriormente su abandono.

Al comienzo de la película, el consumo aparece asociado a consecuencias inmediatas intensamente reforzantes. Renton llega a comparar el placer producido por la heroína con otros reforzadores naturales como 1.000 orgasmos simultáneos, presentándolo como algo capaz de competir con actividades y objetivos que habitualmente organizan la vida cotidiana. Desde el condicionamiento operante, una consecuencia apetitiva que aparece después de una conducta puede incrementar la probabilidad de que esta vuelva a producirse. El consumo queda así integrado en un repertorio conductual en el que sus efectos inmediatos adquieren una elevada capacidad reforzante.

Sin embargo, las contingencias que mantienen la conducta cambian a lo largo de la película. Cuando Renton intenta dejar la heroína, el síndrome de abstinencia introduce un nuevo elemento: consumir ya no permite únicamente obtener un efecto deseado, sino también reducir un estado físico y psicológico aversivo. Aparece entonces con claridad el refuerzo negativo. La conducta puede mantenerse porque permite escapar temporalmente del malestar. De este modo, una misma conducta puede estar sostenida en distintos momentos tanto por la obtención de consecuencias apetecibles como por la eliminación de consecuencias desagradables.

La evolución de Renton muestra también que las consecuencias negativas no producen necesariamente la desaparición inmediata de una conducta. A lo largo de la película aparecen problemas económicos, deterioro de las relaciones, delincuencia, abstinencia, sobredosis y otras consecuencias extremadamente graves. Sin embargo, algunas de ellas son demoradas o no se producen después de cada episodio de consumo, mientras que determinados efectos reforzantes de la heroína son mucho más inmediatos. Esto permite comprender, desde el aprendizaje, por qué conocer intelectualmente las consecuencias perjudiciales de una conducta no implica necesariamente dejar de realizarla.

El intento de Renton de abandonar el consumo introduce finalmente un cambio importante en las contingencias que organizan su comportamiento. Alejarse de determinados contextos y relaciones vinculados a la heroína y comenzar una vida diferente en Londres supone exponerse a nuevos estímulos y a otras posibles fuentes de reforzamiento. La película permite observar así que modificar una conducta consolidada no consiste únicamente en suprimirla, sino también en transformar las condiciones ambientales que favorecen su aparición y desarrollar conductas alternativas capaces de competir con ella.

3. Programa de reforzamiento y técnicas empleadas

En Trainspotting no aparece un programa de reforzamiento diseñado de manera explícita, como podría ocurrir en un experimento de laboratorio en el que se establece previamente cuándo y bajo qué condiciones se administrará un reforzador, por este motivo, no resulta adecuado clasificar el comportamiento de Renton, sin más, dentro de los programas clásicos de razón fija, razón variable, intervalo fijo o intervalo variable. Lo que sí permite la película es identificar distintas contingencias de reforzamiento que contribuyen al mantenimiento de la conducta de consumo.

Una de las más evidentes es el refuerzo positivo. El consumo de heroína va seguido de efectos que Renton experimenta como intensamente placenteros. Desde el condicionamiento operante, la aparición de una consecuencia apetitiva después de una conducta aumenta la probabilidad de que esta vuelva a repetirse. La propia película subraya la extraordinaria capacidad reforzante que la heroína ha adquirido para el protagonista al situarla por encima de otros placeres y actividades cotidianas.

Junto a este mecanismo aparece progresivamente el refuerzo negativo. Cuando Renton intenta interrumpir el consumo, experimenta un intenso malestar asociado a la abstinencia. Volver a consumir permite reducir temporalmente ese estado aversivo. La conducta queda así reforzada no porque aparezca algo agradable, sino porque desaparece o disminuye algo desagradable. Esta diferencia resulta importante: tanto el refuerzo positivo como el negativo aumentan la probabilidad futura de la conducta, aunque lo hagan mediante procesos distintos.

También pueden identificarse procesos de condicionamiento clásico. El consumo se produce reiteradamente acompañado de determinados estímulos, personas, lugares, objetos y rituales relacionados con la preparación y administración de la heroína. A través de la asociación repetida con los efectos de la droga, estos elementos pueden adquirir propiedades condicionadas. De este modo, el aprendizaje no se limita a la relación entre consumir y obtener una consecuencia, sino que incluye una red de estímulos ambientales vinculados al consumo.

La película muestra, además, numerosas consecuencias aversivas, problemas familiares y sociales, delincuencia, detención, deterioro físico y una grave sobredosis. Desde el punto de vista conductista podrían actuar como castigos si consiguieran reducir la probabilidad futura del consumo. Aún así, conviene distinguir entre una consecuencia negativa en sentido cotidiano y un castigo en sentido técnico. Una consecuencia solo puede considerarse castigo si efectivamente disminuye la frecuencia de la conducta que la precede. El hecho de que Renton continúe consumiendo después de algunas de estas consecuencias demuestra que no basta con calificarlas como desagradables para afirmar que han funcionado conductualmente como castigos eficaces.

Esta combinación permite comprender uno de los aspectos centrales de la película. La conducta de consumo está sometida a consecuencias de signo muy diferente; algunas la fortalecen y otras podrían debilitarla. Los efectos reforzantes del consumo son próximos a la conducta, mientras que muchas de sus consecuencias perjudiciales son demoradas, variables o se producen fuera del episodio concreto de consumo. Trainspotting muestra así que el mantenimiento de una conducta no depende simplemente de que sus consecuencias globales sean buenas o malas, sino de las contingencias concretas mediante las cuales esa conducta ha sido aprendida y continúa siendo reforzada.

4. El condicionamiento conductista en la vida cotidiana

Cuando una persona publica una fotografía o un comentario y recibe un “me gusta”, una respuesta agradable o cualquier otra forma de reconocimiento social, esa consecuencia puede actuar como reforzador positivo y aumentar la probabilidad de que vuelva a realizar la conducta. Algo similar puede ocurrir cuando consulta repetidamente el teléfono y encuentra un mensaje que estaba esperando. Pero no todas las veces que se comprueba el móvil aparece una consecuencia interesante y precisamente esa incertidumbre puede contribuir a mantener una comprobación repetida, donde algunas respuestas reciben consecuencias reforzantes y otras no.

También interviene el condicionamiento clásico. Un sonido, una vibración o la iluminación de la pantalla carecen inicialmente de un significado especial, pero después de asociarse repetidamente con mensajes, novedades o interacciones socialmente relevantes pueden adquirir por sí mismos capacidad para provocar una respuesta de orientación hacia el teléfono. De manera semejante a lo observado en Trainspotting, determinados estímulos del entorno pueden adquirir significado mediante su asociación repetida con consecuencias relevantes para la persona.

El refuerzo negativo también está presente en comportamientos mucho más cotidianos. Una persona puede consultar el teléfono para reducir momentáneamente el aburrimiento, distraerse ante una tarea desagradable o aliviar la inquietud que le produce no saber si ha recibido una respuesta. Si mirar la pantalla reduce ese estado aversivo, aumenta la probabilidad de repetir la conducta la próxima vez que aparezca una situación similar. Nuevamente, “negativo” no significa perjudicial, sino que la conducta se fortalece porque permite retirar o disminuir una experiencia desagradable.

Referencias

Boyle, D. (Director). (1996). Trainspotting [Película]. Channel Four Films; Figment Films; The Noel Gay Motion Picture Company.

Everitt, B. J., & Robbins, T. W. (2005). Neural systems of reinforcement for drug addiction: From actions to habits to compulsion. Nature Neuroscience, 8(11), 1481–1489. https://doi.org/10.1038/nn1579

Hogarth, L. (2019). Intact goal-directed control in treatment-seeking drug users indexed by outcome-devaluation and Pavlovian to instrumental transfer: Critique of habit theory. European Journal of Neuroscience, 50(3), 2513–2525. https://doi.org/10.1111/ejn.13961

Hogarth, L. (2020). Addiction is driven by excessive goal-directed drug choice under negative affect: Translational critique of habit and compulsion theory. Neuropsychopharmacology, 45(5), 720–735. https://doi.org/10.1038/s41386-020-0600-8

Perry, C. J., Zbukvic, I., Kim, J. H., & Lawrence, A. J. (2014). Role of cues and contexts on drug-seeking behaviour. British Journal of Pharmacology, 171(20), 4636–4672. https://doi.org/10.1111/bph.12735


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