La terapia

En una ocasión dejé de fumar con una facilidad sorprendente, sin batallas heroicas contra la nicotina ni semanas de sufrimiento. Cero drama en la transición a una nueva vida que nadie a mi alrededor podía creer. Sencillamente, lo dejé. Estuve cuatro años sin fumar, pero recaí. Y cuando quise dejarlo nuevamente ocurrió algo desconcertante: la misma persona que años antes había podido hacerlo con absoluta facilidad ahora se sentía incapaz de conseguirlo.

¿Cómo es posible?, me preguntaba. ¿Cómo puede haber personas que dejan de fumar sin grandes inconvenientes, incluso de una forma sencilla, mientras otras sufren muchísimo? ¿Cómo pueden existir experiencias tan diferentes ante una misma sustancia? Y, sobre todo, ¿cómo podía explicar que esas dos experiencias hubieran ocurrido dentro de la misma persona, con el mismo cerebro y una dependencia aparentemente semejante?

Y así comenzó una investigación minuciosa que tenía como objetivo personal volver a dejar de fumar y que terminó convirtiéndose en una trayectoria vital. Encontré las respuestas a aquellas preguntas y dejé de fumar, enormemente satisfecho y orgulloso y, de nuevo, sin necesidad de recurrir a la fuerza de voluntad ni a un esfuerzo sobrehumano.

Dejé de fumar, pero no dejé de hacerme preguntas, y empecé a estudiar la dependencia desde distintos lugares. Cuanto más estudiaba, más preguntas aparecían. La psicología me llevó al aprendizaje, el condicionamiento, las creencias, las expectativas, la cognición y la identidad. La psicoterapia me permitió estudiar cómo se produce el cambio y cómo podemos intervenir sobre aquello que pensamos, sentimos y hacemos. La hipnosis clínica abrió otra vía para comprender la atención, la sugestión, las expectativas y determinados automatismos. Y la filosofía acabó llevándome a preguntas todavía anteriores: quién soy, quién quiero ser, qué significa ser libre y qué papel tienen nuestros valores, nuestra responsabilidad y nuestras decisiones en la construcción de una vida.

De ese recorrido, aquella terapia inicialmente creada para mí fue transformándose en un proyecto más ambicioso: ayudar a otros a dejarlo. Y así nació Si lo piensas bien. Si lo piensas bien, dejas de fumar. O de vapear.

Hoy, hace ya más de 20 años que dejé de fumar.





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